Precursores:
1ra Generación | 2da Generación


El Avila con árbol seco
desde La Urbina
Caracas, 1952

 


Composición radial
de muchas hojas ovaladas
1963



Retrato de modelo
Años cuarenta

 

 

 

Carlos Herrera Fernández
(Caracas, 1909 -1988)

Carlos Herrera, es considerado como uno de los fotógrafos más importantes del siglo veinte en Venezuela por su contribución al hecho fotográfico. Generacionalmente constituye, al lado de Alfredo Boulton, Fina Gómez y Ricardo Razetti, un capítulo de la historia de la fotografía nacional al imponer el concepto de fotografía de autor (como recurso expresivo de la visualidad creadora) sobre la condición testimonial, que caracterizara al oficio de la fotografía hasta entonces.

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De formación autodidacta, su inclinación por la fotografía ocurre a temprana edad. A principios de los años veinte, siendo adolescente, crea un foto club en The National Farm School en Pensilvania (USA) institución donde cursa estudios. En el año 1927 trabaja en publicidad, en la empresa Wyanoak Publishing and Company medio para el que realiza la reproducción de afiches y fotografías de la primera película sonora The Jazz Singer de Alan Crosland. Tras un año, trabaja en la ejecución fotográfica de obras de arte y antigüedades.

La depresión económica en Norteamérica (1933) marca su retorno a Venezuela, trayendo consigo recursos tecnológicos a su país natal: la película pancromática y los adelantos de la fotografía con bombillo de flash. Próximo a ese año abre su propio estudio fotográfico en el que realiza retratos artísticos, concentrando su interés en el logro de efectos de luz y de textura. Son retratos de autor, que más allá de captar elementos fisonómicos se adentran en la búsqueda de los rasgos psicológicos del modelo.

En 1936 produce sus únicas fotografías a color logradas con la técnica Dufay, y enriquece su formación al lado del maestro alemán Eberhard Buhnen. El perfeccionamiento de la técnica para su trabajo artístico y las prácticas de la aerofotografía son algunos de los importantes aprendizajes de la experiencia con Buhnen. A partir del año 1939 se dedica a trabajar en la Dirección de Cartografía Nacional por más de una década, materializando la cobertura fotográfica de todo el territorio venezolano en más de quinientas mil aerofotografías.

Su período creativo más prolijo se sitúa en las décadas de los años cuarenta y cincuenta, a través de los temas que aborda: el retrato, el desnudo, la arquitectura, la atmósfera, los objetos, y fundamentalmente el paisaje. Su obra se soporta sobre dos elementos y un propósito: aprender la inmaterialidad de la luz y de la belleza.

En el año 1952 Carlos Herrera abre el paso a la fotografía al ámbito museístico en Venezuela, con la muestra El paisaje es un estado de ánimo exhibida en el Museo de Bellas Artes (GAN) de Caracas. Para fines de esta década, su producción fotográfica abarca diversos temas: el retrato, el desnudo, la arquitectura colonial venezolana, ambientes nocturnos, variadas especies de árboles, de objetos y de paisajes. Éstos úlitmos en buena parte dedicados al cerro El Ávila (valle caraqueño) en los que se observa muy marcada la interacción de la luz con el ambiente; así como también en aquellos nublados y umbríos captados en tomas fotográficas realizadas en días lluviosos. La visión temática de El Ávila, que explora desde el año 1933, configura un punto de encuentro con los artistas plásticos de la Escuela de Caracas (epígono del antiguo Círculo de Bellas Artes) con quienes le unen vínculos de amistad.

En el año 1958 crea la Cátedra de Fotografía Artística en la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas Cristóbal Rojas de Caracas. Al año siguiente crea el Laboratorio de Fotografía en la Facultad de Ciencias de la Universidad Central de Venezuela, apoyando la investigación científica a través de sus conocimientos de fotomicrografía y de aerofotografía, sin deslindarlos de su concepción estética.

Por más de dos décadas genera una serie de imágenes en atención a la demanda de servicios de la comunidad académica y científica, que le alejan de su manera de recrear el paisaje y la realidad naturalista. Su creatividad se orienta entonces hacia la docencia y hacia la solución de problemas inherentes a la investigación de la ciencia; y de su materialización en imagen fotográfica frente a las limitaciones del instrumental técnico que se disponía para la época. Este tipo de actividad es determinante en sus intereses artísticos, que al transcurrir los años, apuntan hacia una poética de las formas provenientes del universo microscópico. De esta manera surge una pequeña serie fotográfica a la que titula Abstractas, constituida en su mayoría por elementos cristalográficos y botánicos. Esta serie representa un hecho importante si se considera que Carlos Herrera se convierte en un hito para la fotografía venezolana, al abordar el plano científico con una marcada intencionalidad creadora y artística.

Entregado por completo a la docencia y a la investigación científica, se retira en 1980 y unos años más tarde muere.

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Elaborado por el Centro de Análisis de Imágenes Biomédicas Computarizadas CAIBCO. caibco@reacciun.ve
Instituto de Medicina Tropical - Facultad de Medicina - Universidad Central de Venezuela